El Cascarrabias

En la vida civil no digo tacos, soy muy amable, mantengo la ética y el estilo hasta límites rayanos con la estupidez. Es el momento en que necesito desfogarme. Así, nace el gran cascarrabias. El gran cascarrabias o de como la vida moderna nos hace decir tonterias. Estas son las mias, dichas para mi mismo. Si te gustan, de acuerdo. Si no, pues tambien. Y si me insultas, tu más. Hago mia la frase de W.C. Fields: "Dicen que soy xenófobo. Se equivocan: odio por igual a todo el mundo"

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Camellos urbanos

Yo no sé como lo llevarán nuestros deportistas de élite, pero a mi ésto de hacer de camello me agota. Si, cuando llegan estas fechas y sus Majestades los Reyes Magos (los únicos reyes a los que respeto, salvedad sea hecha de Elvis y los de la baraja) me nombran transitoriamente alférez provisional en su cuerpo de camellos, me dejan hecho cisco.

De todas formas, es un placer pasear por estrechas callejuelas bajo una lluvia de hojas secas, disparadas por el viento. Tanto es así, que quizá por ese punto de masoquismo que todos tenemos, me pedí un café con leche para llevar y tomármelo mientras luchaba para no ingerir peciolos o limbos con el líquido, y aun así, lo disfruté. Lo disfruté tanto que me dije... bueno, pues con música de fondo, mucho mejor. Auriculares colocados y música de la Creedence y Doors para atravesar un mercadillo atestado de gente.

Y ese fue mi error. Porque es sabido que la música puede alterar (¿adrenalina?) nuestra percepción de las propias capacidades, y eso me llevó a contestar mal a cuatro polis locales que, reunión de pastores, oveja muerta, debieron ver raro a un tipo cargado de bolsas hasta el escroto que intentaba salir de la marabunta humana del mercadillo.

Claro, ellos entonaron el "si tu eres chulo, nosotros nos ponemos de parto" y eso me llevó, en mi ya fuera de control anímico, espetarles con mala leche, mirando al que llevaba la voz cantante: ¿tu eres consciente de que sólo sois cuatro?

La siguiente imagen que todo lector avisado daría sería mi ingreso por politraumatismos vía urgencias. Pero no: señal de lo cagoncetes que se vuelven nuestras fuerzas del orden, la respuesta fue rajarse y pirarse.

Que desagradable, tanto para mi, una vez recapacitada mi nada saludable actitud, como por el incremento en pañales que el ayuntamiento tendrá que comprar.

Anda, que si en vez de ser un tipo viejo y cansado hubiera sido un rumano de dos metros de ancho por tres de alto, a estas horas, estaban en Sebastopol.

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