El Cascarrabias

En la vida civil no digo tacos, soy muy amable, mantengo la ética y el estilo hasta límites rayanos con la estupidez. Es el momento en que necesito desfogarme. Así, nace el gran cascarrabias. El gran cascarrabias o de como la vida moderna nos hace decir tonterias. Estas son las mias, dichas para mi mismo. Si te gustan, de acuerdo. Si no, pues tambien. Y si me insultas, tu más. Hago mia la frase de W.C. Fields: "Dicen que soy xenófobo. Se equivocan: odio por igual a todo el mundo"

lunes, 24 de octubre de 2016

Manual de creación de certificados digitales, con pluma de ave y sangre de buey.


 


En España teníamos una ley, la 11/2007, de 22 de junio (buen día, si señor) de Acceso Electrónico de los ciudadanos a los Servicios Públicos. En ella, el legislador trató de dar carta de naturaleza legal al derecho de los ciudadanos a relacionarse digitalmente con las Administraciones Públicas. Como el legislador pensó que en el momento actual la tramitación electrónica no puede ser una forma especial de gestión de los procedimientos, sino que debe ser la habitual, acometió una gran reforma que culminó con la aprobación de la ley 39/2015 de 1 de octubre, del Procedimiento Administrativo común de las Administraciones Públicas.

Ojo: el legislador no usó la expresión “Procedimiento Electrónico” por parecerle un pleonasmo, puesto que ahora, todo procedimiento es electrónico. Así, resultaría igual de feo que decir “sal para afuera” o “un viejo anciano”. Pero es que el legislador no conocía la Gerencia Territorial del Ministerio de Justicia en Valencia.

Y ahora es cuando empiezo a contar una batallita personal, que me sirve de paso como guion para una clase sobre la materia. Vamos al lío.

La madre del sujeto A (o sea, yo mismo) fallece. Como disponía de un seguro que cubría incluso los trámites administrativos, la aseguradora lo gestiona todo, incluido el registro de últimas voluntades. Y aquí empieza el baile.

La aseguradora, ya en el silo XXI, no hace cola delante de ventanillas con funcionarios armados de tampón de goma y pluma de ave, sino que usando de ese invento del maligno que es Internet, tramita electrónicamente el documento. Documento que me remite, con toda clave de verificación que autentica la firma electrónica, etc. Hasta aquí, perfecto. España, parece un país moderno y todo.

Pero… (¡ah, los peros!) resulta que en ese certificado se indica que la difunta, no otorgó testamento. Curioso, porque mi madre, puntillosa en todo detalle, no solo si había otorgado testamento, sino que había dejado toda la documentación en carpetas nominadas, perfectamente localizables. Si madre me indicaba en anotaciones manuales hasta que esterilla debía darle a mi hijo pequeño ¡cómo iba a extraviar su propio testamento! Ella no, pero el Notario por que se parecía intuir, sí.

Con esa estupenda paradoja que supone llevar en una mano un certificado que indica que el documento que llevo en la otra no existe, me desplacé al Archivo de Protocolos del Colegio de Notarios. Allí me indicaron que no era inusual, pues el testamento de mi madre data del año 73 y solo están informatizados desde el 93. Para los anteriores, revisan anotaciones manuales donde los errores podían darse (y de hecho, se dan). Bien, tomaron nota y me dijeron que me llamarían a mi teléfono móvil para notificarme el resultado (¡ya vamos avanzando por la senda correcta!… al menos el Colegio de Notarios no usa del noble arte de la colombicultura para emitir sus avisos)

Y así fue. Me hicieron lo que al sur del Rio Bravo llaman un telefonema, y con él me indicaron que pasara por la Gerencia Territorial del Ministerio de Justicia para que, sin cargo alguno, dado que se trataba de una corrección, lo volvieran a emitir.

Y uno, poseedor de una cándida mente que aún cree que la sociedad progresa, se acercó, pensando que en unos minutos, todo quedaría solucionado. Craso error. Soy tan crédulo que aun creo que algún Best Seller merece la pena.

Debí imaginarlo cuando entré y vi que la máquina que se usaba para dar turnos se gestionaba con un Windows XP, que además mostraba un mensaje de error. Bueno, acabo de leer una noticia donde dice que un taller mecánico en Polonia sigue usando un Commodore 64. Podría ser peor. Tampoco podemos exigir una modernización a prueba de bala.

Pero… cuando me encontré con la funcionaria que daba los turnos, le expliqué someramente mi problema, enseñando la impresión del certificado electrónico y me dijo “ese papel no vale, te lo has hecho tú”, empecé a ver que el asunto se podría dilatar. Tras explicarle que si va firmado, pero con una firma digital, autenticado mediante un Código Seguro de Verificación que podía comprobar, decidió mandarme a una ventanilla. (Inciso: ¿nunca había visto un certificado tramitado online? ¿de verdad? ¡que paren España, que me bajo!)

Y en la ventanilla me di de bruces con el cemento atecnólogo. “Eso no lo podemos solucionar. Hay órdenes superiores que obligan a que lo que se hace mal en Madrid se corrija en Madrid”.

No lo haré más largo. Lo resumiré diciendo que ya puede Ud. invocar la búsqueda de la ventanilla única, explicar que “Internet no es Madrid”, que se trata de una corrección simple, pues el Colegio de Notarios ya había hecho su papel, cantarles la Parrala o invocar a Santa Euduvigis y sus diez hermanas mártires. Todo es absolutamente inútil. O pagas y lo tramitas a mano “o te vas a Madrid”.

Así que a pelear el asunto. A zascandilear con la Administración Pública. Que no es por ahorrarme los 3,70 euros, no. De verdad. Ni por convertirme en un mártir de la 39/2015. Simplemente, es por pasar el rato. También hay quien se va a cazar mariposas, oigan.

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