
Que día el de ayer.
Empieza bien. Alguien se equivoca en una institución importante (cuyo nombre no diré por razones obvias) y autoriza un proyecto que yo dirijo. Vale. Me dan pasta para investigar, cerca de
millón y medio... que he de justificar con facturas en diez días.
Eso significa... toma,
huele la gloria, y renuncia. O haz trampas y facturas falsas, lo que en algunos casos será más que posible, efectivo, pero que en mi caso, tanto por ética propia, como por
estar vigilado bajo la potente lupa del sistema, se hace imposible.
Seguimos.
Día de revisión médica para los niños. Estupendo, parece que somos los primeros...
ups, no. Primero van otros niños que no se sabe porqué, aparecen como setas (
boletus, que dicen ahora los cursis que tuvieron un empacho de
Astérix) y se colocan delante. A ver... si...
Ossama,
Catxulian,
Zaida,
Rumanescu,
Indrian...
joder... ¿esto es un hospital o la
ONU?. En fin... no pasa nada... en unas breves cuatro horas acabamos.
Niños de vuelta al
cole, y sigue la ruleta...
joder que rápido se pasa el día... a recogerlos ya.
Uh... si esta tarde el pequeño tenía el cumple de un par de
amiguitas. Como no es cuestión de llevar a un niño de gorra, el pequeño lo lleva mi señora, y yo me llevo al mayor a comprar libros y de merendola.
La primera parte,
chachi. Veo, eso si, un par de libros que me costaron una pasta y la yema de la otra en oferta por cero coma cero y poco más euros, lo que me duele en lo más profundo de mi bolsillo, y la biografía "El hombre de la
Leika", de la que conseguí un ejemplar de la tirada de pruebas del editor, tirada por el suelo.
Sic transit gloria
mundi.
La segunda, casi. Vamos a una chocolatería de solera. El niño se mete entre pecho y espalda un chocolate con churros y nata, y yo me arreo algo para quemar mi lengua. todo bien hasta que toca pagar... hacemos cola detrás de dos japonesas que, si se comen todo lo que han comprado antes de subir al
avión, pagarán
sobrepeso. Como son lentas eligiendo, y el
camata tatuado hasta el escroto que las atiende no se entera de la misa la media, tardamos más en pagar que en deglutir. Paciencia.
Paso a paso, vamos a recoger al resto de la familia. Ahí está mi pequeño vándalo, destrozando el recinto. Como de costumbre. Pero ese de al
lado... coño, que susto... el animador infantil ese, tipo lanudo
sesentayochesco con rastras, me sale por la noche en una esquina y empiezo a correr hasta caer en los brazos
protectores de Carmen Chacón.
Volvamos a casa. Los niños caen rendidos de cansancio y ponemos la
tele, para ver la única serie de
TV que seguimos mi santa y yo: El comisario. Y en lugar de eso, nos sale esa periodista con menos clase que la más soez de las verduleras de
mercavalencia, entrevistando (?) a
Roldán.
Joder que país. Mejor, me pondré a leer.
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