
Quizá sea una indigestión, o un exceso de
Rammstein antes de acostarme, pero esta noche me he despertado empapado en sudores
fríos. Había recordado, en un siniestro deja
vú, esa mierda de fiestas con la que nos
atorraban los veranos en mi ya (¡
ah!) lejana adolescencia.
En un pueblo perdido en medio de ninguna parte, con padres que
curraban unos en plan
rodriguez y otros volviendo por la noche al chalet a pegar una cabezada, y unas madres dedicadas a sus amigas, sus labores, hacer calceta, comprar o
vayausté a saber que, los chavales intentábamos matar el tedio de las maneras más atroces.
A la piscina, las motocicletas, las pocas horas en que el
pub (singular) del pueblo estaba abierto o tirarle piedras a los municipales, sólo quedaba añadir el malhadado recurso de las fiestas particulares. Ojalá nos hubieramos dedicado al noble arte del crucigrama antes de cruzar esa delgada línea roja entre la locura y la cordura.
Pero... pero no todas las casas daban de sí lo
suficientemente para que un montón de
mangurrinos nos
reuniéramos, así que el asunto se
focalizaba en unos pocos domicilios.
De ellos destacaba uno, de cinco (CINCO) hermanos (número ya elevado en su día, y no es que tenga nada en contra de las familias numerosas, antes al contrario, pero pienso que en ese caso concreto a un catolicismo mal digerido se unía una alta dosis de
gilipollismo, como se verá). Tres de ellos varones y dos hembras.
De las hembras nada supe entonces, una era la mayor, unos diez años más que nosotros, por lo que hacía su vida y si me he llenado el coño de algo raro, ya paso la esponja (y se lo llenaba, por lo que se sabía), y la otra era una
niñita pequeñita. Pero los chavales estaban en medio y a ellos y a su puta
guitarrita si que los sufríamos en esas fiestas interminables y absurdas donde los
ganchitos se nos atragantaban con tanta guitarra de canción protesta,
Jesucristosuperstarcamilosesto, los
Pink Floyd y
Vangelis, mucho
Vangelis y la puta que lo parió.
El mayor era el único más o menos normal, que pasaba un huevo de sus hermanos y con él hacíamos corrillo los que escapábamos de esa quema, cagándonos en sus hermanos, auténtica caldera del Gran Cabrón en la tierra, que cambiaba aceite hirviendo por acordes torcidos. Los otros dos, eran plato de comer aparte.
El mediano se lo creía. Iba de
listosuperinteligentechachimegaguay, católico a prueba de bomba y niño ejemplar, capaz de desbancar a todos los premios del Plus Ultra, oiga
usté. El pequeño era.
simplemente, un delincuente juvenil, un
cabronazo que salvó sus piernas de que se las partiera vaya
usté a saber porqué. O sí. Que en esa época tenía mejor sentido del humor que ahora, hoy no se hubiera escapado ese cerdo con cara de puerco y culo de marrano.
Pues bien, tras la pesadilla, como tenían unos apellidos raros, me dije:
googlealos, coño. Seguro que aparecen por alguna parte. Y como parte del exorcismo para liberarme de esa pesadilla, lo hice.
Cojones con lo que salió.
De las hermanas, poco. Algún fracaso profesional, que no viene al caso. Pero ellas me importaban una higa entonces, imagina ahora. Y ¿ellos?
Del mayor, nada, se lo tragó la tierra. Normal, seguro que los
gilís de sus hermanos se lo zamparon una
nochebuena, o lo vendieron como judas.
Pobrecico. El único que valía algo de todos.
El pequeño... bueno, de él vi un
nombramiento como alto cargo de la
Generalitat. Nada que me extrañe, vista la calaña de nuestros políticos. Una razón más para no creer en este sistema. Ya veo a ese tipejo
dándose tiritos de coca antes de reunirse con el
conseller o acosando a su secretaria cubierta de lágrimas en un retrete lleno de mierda más
limpia que él. Era un capullo entonces, y ahora es un capullo con cargo. De mal en peor.
Y ¿el mediano? ¿ese
hideputa que deslumbraba con su aparente
bonhomía?... ¡
ah! ¡ese es el mejor! ¡es el administrador de una
SICAV!
¡Toma catolicismo repleto de justicia social!. Éste debe hacer como el del chiste, que marcaba los pasajes de la biblia con billetes de 500 euros mientras los pobres morían de hambre a su lado. Las SICAV como acercamiento al evangelio, toma II.
Queda el consuelo de pensar que siga como antaño, cuando, como era tan
santito que a su novia no la tocaba un pelo, y ésta era una hembra como las sirenas, que siempre iba mojada,
aprovechábamos y nos la calzábamos para ayudarla a liberar tensiones (al menos yo lo hice, que uno entonces tenía mejor sentido del humor pero la
documentación masculina caliente siempre la he llevado). Así, podrá usar sus cuernos para colgar esos billetes, al lado de sus
estampitas. Por cierto que la niña follaba muy bien y la mamaba superior, mejor que su hermana, a la que también encamé. Me decían que me faltaba la abuela para cubrir a toda la familia. Soltando lastre, coño.
Que les de por culo un jabalí sidoso. Ya lo he exorcizado, puedo estar veinte años más sin acordarme de esa mierda.
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