
Hoy, de nuevo, cita para el niño pequeño. Anda, la nueva
Fe, el hospital
más grande y
chachimegapiruli de Europa.
Jodo, no lo había visto, que curiosidad.
Anda, vamos a ir un poco más temprano por si las moscas. Que no sabemos como esta aquello y... vale.
Oiga, señor, mire, tenemos que ir aquí, donde me indica el papel, y como venimos del pueblo y somos unos paletos no queremos perdernos.
El tipo con aire a medio camino entre la suficiencia y una expresión de vaca rumiando
cannabis, me indica un camino laberíntico para llegar a la torre D. Sorteamos a una matrona que vendía con un caballete periódicos, revistas,
chuches y
curasanes (toma
kiosko ultramoderno en el hospital
topeluxe). Ascensores.
¡Pero vaya castaña de ascensores para un monstruo como éste!. La puta... he tirado cajas de cerillas con más amplitud. Pero si el
abuelete de la silla de ruedas que va delante casi no cabe... ya, llegamos.
Tooooodos fuera de la cajita, que salimos en esta planta.
Y ahora, a fichar. Pase
usté el
sip,
useasé la
tarjetita de plástico, por esta
maquinita....
ups.. ¿
queeeee? ¿que tengo que pasarla por la torre C? ¡a que bajo otra vez y me cargo al híbrido de vaca!. La puta que lo parió...
Nada, a liarse por el laberinto de
hamsters este... coño que decoración... dibujos de niños pasados por un caleidoscopio parido en las peores pesadillas de
Warhol. Que modernos se creen... claro, que gilipollas hay en todas partes.
Ya llegamos... los
cojones de Mahoma... pero si la especialidad a la que vamos está en la torre B, que coño hacemos fichando en la C...
ah, ya...
Una guapa señorita, con más tetas que cerebro, me informa con una lentitud
desesperante y una didáctica tal que pienso que se cree que tengo un problema de riego, de que como en la torre B no hay máquina de fichar, hay que hacerlo en la C. Para
cagarse y no limpiarse.
Nada, de paseo. Voy a pedirle indemnización a
Camps por desgaste de suela. Creo que he andado más que un
guripa desde
Grafenwoehr hasta el
Ladoga. ¡
Ah, ya se ve ahí!. Es esa sala llena de moros. Si, es España.
Bueno, pues nos sentamos y...
ah, coño... que la
salita es sólo para los niños que esperan una prueba... los demás ¡al pasillo!.
Joder con el
super hospital de la mierda. Pues nada, a chupar columna.
Al menos nos avisarán pro una pantalla de
megaplasma y...
joder... no ponen los nombres de los niños, la protección de datos y los
progres políticamente correctos. Se ve que les
jode que nos demos cuenta de que hay más
Hassanes y
Mustafás que Pepes,
Marisas y
Andreus. Pone
FGSS32543245 y tienes que saber que matrícula es tu hijo. Pero no, no viene en ninguno de sus papeles... lo ponía en el puto
ticket que generas en la torre C de los huevos y sólo vale para esa visita. Voy a comprar una recortada y lo de los
yanquees zumbados en las
hamburgueserías será una
kermesse de la señorita
Pepis.
Ah, nos llaman ya... es para una prueba. Por fin usamos la
salita con fundamento y...
joder, la enfermera está más sorda que una tapia y se lleva a un niño que no es mio ¡señora! ¡señora! ¡
señoraaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!. Anda y que le
sodomicen con un
cáctus.
Esperamos a que salga. Bronca por estar en la
salita... coño, que nos han llamado. Se dan cuenta. El niño entra. Nos enteramos luego, pero mi pequeño
almogavar decide darle por
retambufa a la sorda
eustaquia y pasa de colaborar. A nosotros, mientras, nos vuelven a abroncar. Nada
mañs recoger al niño, nueva bronca. Cuanto cabrón. Vale, al pasillo de nuevo.
Nueva espera, y, eso si, el especialista un encanto de tipo, humano y muy puesto en lo suyo. Hasta tenía quejas parecidas a las nuestras... y una cámara de fotos para
documentarlo.
Salimos del hospital. Hasta la próxima. El
nano no está ni mejor ni peor que al entrar, pero nosotros hemos generado un
estrés del
carajo.
Que les den.
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